Bienventuranzas del docente
¡Feliz de ti, Docente Educador, si tienes un alma de pobre! Si tienes un corazón desapegado, para no prostituirte en pos del dinero y de las posesiones. Feliz de ti, si tienes un corazón pobre, sencillo y fraternal, servicial y amistoso, libre de soberbia, vacío de prepotencias. Feliz de ti, si no te sientes dueño de tus alumnos, sino servidor; si no te sientes dueño de la verdad, sino su buscador y peregrino; si estás siempre abierto y dispuesto a crecer aprendiendo lo nuevo. Feliz de ti, si puedes acercarte a tus alumnos con la vulnerable autoridad de un servidor, sin recurrir defensivamente a la riqueza del poder autoritario. Feliz de ti, mientras reclamas la justa remuneración de tu trabajo, no mides tu misión en dinero, porque sabes que tu tarea trasciende esas medidas y que la persona de tus alumnos no se cotiza en oro. Original de René J. Trosssero, del texto Bienaventuranzas de los docentes Ismael