16 agosto 2011

Criogenia y Criónica

La criogenia (del griego κρύος [kryos], frío ,y γενεια [geneia], generación) es el conjunto de técnicas utilizadas para enfriar un material a la temperatura de ebullición del nitrógeno o a temperaturas aún más bajas. La temperatura de ebullición del nitrógeno, es decir 77,36 K (o lo que es lo mismo -195,79 °C) se alcanza sumergiendo a una muestra en nitrógeno líquido. El uso de helio líquido en lugar de nitrógeno permite alcanzar la temperatura de ebullición de éste, que es de 4,22 K (-268,93 °C).

La criónica (a menudo denominada erróneamente criogenia, ambas palabras comparten la etimología griega: κρύος [kryos]: frío, helado) es una práctica que consiste en conservar mediante frio humanos o animales a quienes la medicina actual ya no puede mantener con vida, hasta que su reanimación sea posible en un futuro. Se denomina a este proceso criopreservar.

Actualmente el proceso no es reversible y, por ley, sólo puede llevarse a cabo en humanos después de que se produzca la muerte legal, con la expectativa de que en el futuro los primeros estados de la muerte clínica sean reversibles.

No hay nada que permita asegurar que el paciente pueda ser devuelto a la vida. La congelación a tan bajas temperaturas puede destruir toda la "química cerebral" destruyendo la  memoria, la personalidad y la identidad.

Se sabe que la actividad cerebral puede detenerse y después reactivarse bajo determinadas circunstancias, como regla general no se acepta que los métodos actuales preserven el cerebro lo suficientemente bien como para permitir la reanimación en el futuro. Los crionicistas señalan estudios que muestran que la circulación de grandes concentraciones de crioprotectores por el cerebro antes del enfriamiento puede prevenir la mayoría de las lesiones producidas por la congelación, preservando las delicadas estructuras celulares del cerebro en las que presumiblemente residen la memoria y la identidad.

Para sus detractores la justificación de la práctica actual de la criónica no está clara, dadas las limitaciones actuales de la tecnología de preservación. Actualmente las células, tejidos, vasos sanguíneos y algunos órganos de animales pequeños se pueden criopreservar de forma reversible. Algunas ranas pueden sobrevivir durante unos pocos meses en un estado parcialmente congelado unos grados por encima de la congelación pero no se trata de auténtica criopreservación. Los crionicistas responden que la demostración de la reversibilidad de la preservación no es necesaria para alcanzar el objetivo actual de la criónica que es la preservación de la información básica del cerebro, que codifica la memoria y la identidad personal. Se supone que la preservación de esta información será suficiente para prevenir la muerte teórica de información hasta que sea posible repararla en el futuro.

Pero... hay un problema muy importante: El contenido en agua del ser humano es muy elevado. Aunque este agua esté combinado en las estructuras celulares, sigue siendo agua y recordemos que el agua es el único líquido que aumenta de volumen al congelarse. Además, la congelación del agua genera cristales de hielo que romperían las estructuras celulares (recordemos la pérdida de órganos de muchos alpinistas, por congelación).

La reanimación requiere la reparación de los daños producidos por la falta de oxígeno, la toxicidad de los crioprotectores, la tensión térmica (fracturas) y la congelación de tejidos. En muchos casos será necesaria una regeneración exhaustiva de tejidos. Las perspectivas de una hipotética reanimación prevén que las reparaciones las realizarán una cantidad inmensa de organismos o dispositivos microscópicos. Estos dispositivos restablecerían de forma saludable la estructura celular y química a nivel molecular, preferiblemente antes de la recuperación térmica. Más radicalmente, también se ha sugerido como una posible aproximación a la reanimación la transferencia mental, en caso de que la tecnología llegue algún día a desarrollar la forma de escanear los contenidos de la memoria de un cerebro preservado.

Actualmente la práctica criónica se limita a algunas compañías pioneras en EEUU y otra más reciente en Rusia.

Los costes de la criónica varían enormemente, oscilando desde los 28.000 dólares por una preservación completa en el Cryonics Institute (Michigan) hasta los 80.000 dólares de la neuropreservación en Alcor (Arizona) o los 150.000 dólares por la preservación completa en Alcor o la American Cryonics Society (California). Hasta cierto punto las diferencias en los costes reflejan diferencias en el modo en que cotizan los honorarios por los servicios. Los honorarios del Cryonics Institute no incluyen el "standby" (un equipo que permanece cerca de la cama del paciente para iniciar el protocolo criónico lo antes posible), los costes de transporte o los gastos derivados de la funeraria fuera del estado de Michigan, que ha de valorarse como "extras". Los miembros del CI que desean los servicios de Standby y transporte profesionales pueden contratarlos con un pago adicional en la Suspended Animation, Inc, compañía situada en Florida.

Mientras que a veces la criónica es sospechosa de resultar extremadamente rentable, los altos costes están adecuadamente documentados. Los costes son comparables a los de la cirugía de trasplantes. El mayor gasto, especialmente para los casos de preservación completa, es el dinero que debe invertirse en generar intereses para pagar en perpetuidad el mantenimiento y conservación del cuerpo.

El método de pago más común es un seguro de vida, que cubre los gastos a lo largo de varios años. Los defensores de la criónica se apresuran a señalar que tal seguro es especialmente asequible para la gente joven. También se dice que la criónica es "asequible para la inmensa mayoría" de personas que viven en el mundo industrializado y que realmente desean y planifican su criopreservación.

Probablemente el paciente criopreservado más famoso es Ted Williams. La popular leyenda urbana de que Walt Disney fue criopreservado es falsa; fue incinerado y está enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cementery.


Ismael

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