16 febrero 2009

¿Por qué muchas personas huyen de la CIENCIA?

La realización de unos estudios universitarios ha sido una de las ilusiones familiares durante muchos años en nuestro país. El tener un hijo universitarios, daba prestigio. Frecuentemeente este modo de pensar se traducía en la frase: "que mis hijos tengan lo que yo no pude"...
Y así nuestro país se llenó de titulados en estudios frecuentemente inútiles que dieron lugar a unode los "parque de desempleados" más cultos del mundo.
Toda carrera universitaria, tiene sus dificultades; algunas mucho más que otras
No es de extrañar que las carreras científicas en las universidades sean las menos solicitadas, pues es muy difícil adquirir el gusto por la ciencia después de estudiarla en la escuela. ¿Por qué es la ciencia incomprensible para la mayoría de las personas? Quizás porque no es tan "natural" como se pretende; es decir, no encaja directamente en las estructuras mentales que nos permiten comprender la realidad inmediata.

Tomemos un ejemplo sencillo que se encuentra en la Física: el principio de inercia.de Newton. Según este principio, un cuerpo permanece siempre en movimiento, en línea recta y sin cambiar su velocidad, si no se le aplica ninguna fuerza. Aparentemente es algo trivial, pero no lo es en lo más mínimo. Todo el mundo sabe que para mover una piedra hay que empujarla, y cuando se deja de hacerlo ésta se detiene; ¿acaso una piedra se mueve indefinidamente con sólo un empujón inicial? Entonces, ¿dónde quedó el principio de inercia? Aquí, lo más probable es que un profesor de Fsica explique a sus alumnos que este principio sólo se aplica a cuerpos sin fricción, (rozamiento) estrictamente hablando, a cuerpos que se mueven en el espacio lejos de la influencia gravitacional de planetas y estrellas, y no a piedras terrestres que rozan con el suelo. Pero, ¿quién ha visto un cuerpo moverse en línea recta y durante un tiempo infinito por el Universo?

Se suele olvidar que los conceptos de la física de Galileo y Newton son abstracciones que no pertenecen al mundo inmediato de nuestros sentidos. En realidad, es la Física de Aristóteles la que se ajusta naturalmente a nuestra manera de observar la realidad, esa física —ahora tan desacreditada— que repudiaba las abstracciones y buscaba una interpretación directa de la naturaleza. Pero por algo Aristóteles dominó durante tantos siglos el pensamiento occidental. De ello era plenamente consciente Galileo cuando puso los fundamentos de la nueva ciencia, tal como lo demostró en sus escritos. Para dar un paso más allá de las apariencias se necesita una capacidad de abstracción que no tiene nada de natural.

Tomemos otro ejemplo. Un siglo después de que Newton presentara su teoría de los colores de la luz, Goethe lo criticó duramente y propuso una teoría alternativa.. El tiempo no le dio la razón al poeta, pero lo importante no es eso sino los argumentos que utilizó. Goethe escribió: "el físico domina los fenómenos naturales, acumula experiencias, los acomoda y relaciona entre sí por medio de experimentos artificiales", pero ¡eso no es naturaleza! y concluyó: "Ningún arquitecto tiene la osadía de hacer pasar sus palacios por montañas y bosques."

W. Heisenberg, uno de los fundadores de la Mecánica Cuántica, en un ensayo sobre la teoría de los colores de Goethe, escribió que las dos percepciones, la del científico y la del poeta, no se contradicen entre sí porque se refieren a dos niveles muy distintos de la realidad. La ciencia, como se entiende comúnmente, pretende describir un mundo objetivo independiente de nuestro pensamiento. Paralelo a esa realidad objetiva existe una realidad subjetiva, en la que la interpretación sustituye a la explicación y los fenómenos están íntimamente relacionados con la mente humana. Según Heisenberg, ésa es la realidad de Goethe y de los artistas. Esos dos mundos paralelos, cada uno con sus propias riquezas, ¿pueden unirse y complementarse? Heisenberg era de la opinión de que tal unión podría darse en el futuro, y como muestra citaba la mecánica cuántica, donde el observador es inseparable del fenómeno que observa.

Si durante siglos los hombres aceptaron la física de Aristóteles como evidentemente correcta, si gigantes intelectuales como Goethe rechazaron los conceptos fundamentales de la ciencia moderna y se aferraron a una visión de la realidad directa y sin abstracciones, ¿cómo podemos esperar que nuestros escolares acepten esos mismos conceptos? La ciencia, por no ser subjetiva deja de ser natural. Cuando aceptemos este hecho quizás podremos enseñar la sorprendente realidad de ese mundo paralelo: el mundo abstracto de la ciencia


Ismael


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