30 septiembre 2007

De refranes y dichos populares (I)

De refranes y dichos populares: Estas últimas semanas hemos hablado en casa sobre el lenguaje: palabras que hemos olvidado, refranes, dichos populares... Hemos descubierto que muchas expresiones que en el pueblo empleábamos cuando jóvenes, han ido desapareciendo de nuestra memoria, de nuestro acervo cultural. Hasta el punto de no recordar ni significado ni forma... Todo surgió a raíz de un dicho de mi pueblo: "vas mu en forguetas"... Por este motivo, dedicaré varios comentarios a estos dichos y refranes populares, junto con su significado (que puede variar de una zona a otra, incluso dentro de la misma región)


El Diccionario de la Real Academia Española define el dicho como: "palabra o conjunto de palabras con que se expresa oralmente un concepto cabal".


ADIVINA QUIEN TE DIO

Este hecho pone de manifiesto la dificultad que entraña, a veces, averiguar quién es el autor de cualquier acción perjudicial.

Procede del juego infantil de la gallina ciega, consistente en que una persona con los ojos vendados trata de identificar, por el tacto, al primero del grupo que haya atrapado. Entre los griegos tenía la variante de que el vendado, al quedar liberado, recibía un golpe en la espalda y debía acertar el nombre del autor del golpe, mientras éste u otro exclamaba: ¡Adivina quién te dio!.

COGER LA OCASIÓN POR LOS PELOS

Esta expresión coloquial indica que algo se ha conseguido en el último instante y ocasionalmente.

Los romanos denominaban «Ocasión» a una diosa personificada con figura de mujer hermosa y alada, como símbolo de la fugacidad con que pasan, ante el hombre, las ocasiones favorables.

La diosa «Ocasión» mostraba una cabeza adornada por delante con abundante cabellera y calva por detrás. Se expresa así la facilidad de "tomar la Ocasión por los pelos" siempre que se la aguardase de frente y la imposibilidad de hacerlo, si se intentaba por detrás, una vez que había pasado.


¿CUANDO HEMOS COMIDO EN EL MISMO PLATO?

Con esta expresión coloquial rechazamos las familiaridades inmotivadas.

Este dicho tiene su origen en el siguiente hecho: Cuando un noble invitaba a su mesa a personas de distinto sexo, la etiqueta prescribía que cada dama tuviese a su lado un caballero y que ambos utilizasen conjuntamente los mismos utensilios de mesa: un plato, un vaso, un cuchillo y una cuchara.

Existe una variación, creo que más actual: ¿cuándo hemos dormido juntos?

DAR EN EL CLAVO

Significa acertar en la averiguación de algo complicado y difícil.

Antiguamente existía un juego infantil, denominado «hito», que consistía en fijar un vástago de hierro a determinada distancia de los participantes, desde ese lugar arrojaban unos aros de hierro. Dar en el «hito» equivalía a acertar.

DAR LA LATA

Este dicho significa fastidiar con cualquier inoportuna insistencia.

El origen de esta expresión ha sido objeto de muchas versiones, puede provenir de los dichos antiguos «dar la tabarra» o «dar la murga», que significaban el fastidio ocasionado por alguien golpeando elementos de percusión, tales como zambombas, palos y cencerros para festejar las segundas nupcias de un viudo o viuda. Al aparecer en el mercado la hoja de lata, los recipientes vacíos de este material fueron incorporados al equipo sonoro de las cencerradas. De donde, «dar la lata», es decir, utilizarla como elemento de percusión, no hizo sino abundar en el concepto tradicional de «dar la murga». Actualmente se utiliza más "dar la vara"

DE TIROS LARGOS

La citada expresión designa el vestido de gala o cualquier otro atuendo esmerado y lujoso.

En España, antiguamente, cada uno era libre de uncir a su coche el número de caballerías que le pareciese; pero sólo el rey y algunos nobles tenían derecho a colocar el tiro delantero a mayor distancia que los traseros, alargándolo por medio de largas correas de cuatro o cinco varas. A este tipo de arreo se le llamaba «tiros largos» y el modismo pasó, por extensión, al lenguaje coloquial.

EL ORO Y EL MORO

Este dicho se utiliza para ponderar el precio y el aprecio exagerado que se hace de una cosa.

Tuvo su origen durante las guerras de Reconquista. Un grupo de caballeros jerezanos, durante la mencionada guerra, consiguieron capturar a unos cincuenta moros importantes, entre los que se encontraba Abdalá, alcaide de Ronda y su sobrino Hamet. El alcaide obtuvo pronto su rescate mediante una cantidad considerable de dinero, pero no así los demás y su sobrino Hamet. Este, por indicación de su tío, fue trasladado a la corte. Los ecos del forcejeo entre el rey y los jerezanos transcendieron a la calle y la malicia del pueblo no tardó en murmurar si el monarca pretendía quedarse con el oro y con el moro.

Seguiré...

Ismael

29 septiembre 2007

Un cuento de mi tierra

Se trata de un viejo cuento, del que existen varias versiones.

Contado por: Teófila Guijarro Bartolomé
Fuentecén (Burgos)
Recopilado por: Angelines de Diego Arranz.



EL JUGADOR

Era un matrimonio que tenía un hijo solo, y tenía el vicio del juego. Un día se
le apareció un señor que le dijo:

"Toma esta baraja y siempre jugarás con ella y en el mismo sitio".

El joven así lo hizo, jugó y ganó muchísimo y entonces vio otra vez al mismo señor, que en esta ocasión le dijo que tenía que dejar a sus padres y marcharse al palacio de "ir y nunca volverás". Ese señor era el diablo que se disfrazó de gran señor.

El joven le dijo a su madre que se iba de casa, y la madre toda angustiada no dejó de decirle cosas para convencerle, pero el joven tenía que hacer caso a aquel señor. La madre, por más cosas que le dijo no le pudo convencer, y le preparó entonces comida para unos días y el joven se puso en camino.

Después de andar y andar, se encontró con un río muy grande, muy grande, al verle se asustó, pensó que era imposible cruzarle, pero enseguida una nutria salió del agua, se montó en ella y pasó el río. El joven se puso muy contento porque aquella difícil prueba ya la había solucionado; siguió andando y vio otro río, en el que se estaban bañando tres señoritas, el joven vio que habían dejado la ropa allí las tres, pues las tres eran hermanas, y además hijas del diablo; una era buena y las otras dos eran muy malas, el joven cogió la ropa de una de las jóvenes. La ropa que cogió era de la joven buena. Al poco tiempo la joven buena salió del agua, fue a coger su ropa y no estaba; entonces empezó a gritar y llorar. El joven que estaba allí escondido la dijo que lo tenía él, que no llorara. La joven se vistió y después, como era tan buena no se había enfadado con el joven. Le preguntó, qué es lo que hacía allí.

El joven la contó todo lo que le había pasado desde que se le presentó aquel señor tan elegante. Entonces la joven, que se llamaba Mari Flor, le dijo: "Yo te ayudaré en todo pero no tienes que decir nada a nadie. Nosotras tres somos hermanas y el diablo es mi padre, por eso vivimos en el palacio de "ir y nunca volverás".

Llegó el joven al palacio y enseguida salió el diablo, y le explicó el joven todo lo que había hecho; entonces el diablo le dijo:

"Mira, ¿ves aquellas cuestas?, pues detrás de ellas tienes que ir a arar, sembrar, segar, moler y cocer el pan, además lo pondrás en la mesa en término de un día".

El joven quedó asustado, pero enseguida apareció la niña y él la contó todo lo que le había mandado su padre. Ella le dijo:

"Yo te ayudaré y verás como todo lo cumples".

Y así fue, el joven hizo todo lo que le ordenó la niña y al día siguiente estaba la mesa como el diablo le había exigido.

Al verlo el diablo se sorprendió otra vez y le pidió otra prueba.

"Mira, le dijo, ahora te meterás en ese río y tienes que sacar un anillo que se le cayó a mi mujer un día".

Enseguida salió la niña Mari Flor sin que nadie la viera, como las otras veces, y le dijo que llevara una mesa pequeña, la pusiera en la ribera y la hiciera tajadillas a ella y la tirara al río, pero no tenía que quedar nada en la mesa porque si quedaba algo ella no podría salir nunca.

El joven no quería hacerla tajadillas, pero ella le convenció, y por fin lo hizo todo. Cuando ya la había tirado al río, vio que había quedado una gotita de sangre en la mesa; y la joven salió con el anillo, pero le faltaba un trocito del dedo pequeño de una mano.

El diablo, al ver el anillo, quedó maravillado del joven. Y le dijo:

"En recompensa te casarás con una de mis tres hijas, pero la escogerás tú sin verlas".

"Ellas se esconderán y sacarán las manos por unos agujeros", y como el joven y la niña buena eran amigos, cogió a la buena porque la conocía, ya que le faltaba un trocito del dedo pequeño.

Se casaron y por .la noche, al irse a acostar, la joven sabía las malas intenciones del padre; metieron dos pellejos de agua en la cama, en el pellejo que figuraba ser la hija echó ella misma un poco de su saliva, para que se oyera su voz y confundir al padre.

Cuando el padre subió a matarlos los novios ya se habían marchado en uno de los tres caballos que tenían en la cuadra; uno corría, otro andaba y otro volaba.

La joven le dijo a su marido que cogiera el caballo que volaba, pero el marido se confundió y se llevó el que corría. Cuando se dieron cuenta no pudieron descambiarle porque les hubieran visto.

Cuando el padre subió a la habitación para matarlos porque quería vengarse, ya que le daba coraje que aquel joven hubiera cumplido todo lo que le ordenó y además se hubiera casado con la mejor de sus hijas, todo lleno de ira, dijo pensando que estaban acostados: Mari Flor, y se oyó una voz dulce y potente que decía: "Señor". Más tarde dijo el padre por segunda vez :"Mari Flor", y con voz más suave se oyó: "Señor". Y, por tercera vez, el padre llamó a la niña: "Mari Flor", y casi sin voz se oyó: "Señor". El padre creyó que estaban dormidos y esperó un poquito. Y entonces clavó un puñal en el bulto de la cama, pero como era un pellejo de agua se puso calado como una sopa y se llenó de cólera, al ver que se habían burlado de él. Se lo contó a su mujer y le dijo que fuera a la cuadra. Contaron los caballos y faltaba el corredor. Entonces él cogió el volador y se fue en su busca.

Enseguida la hija se dio cuenta de que su padre les seguía con el caballo volador. Entonces ella echó un fuerte aliento de su boca y se hizo una nube, y el caballo no podía volar.

El diablo se vino a su casa, se lo contó a su mujer, y ella le dijo: "Tonto, eran ellos, vete otra vez y los alcanzarás enseguida".

Se fue otra vez, y como el caballo volaba, enseguida le vio su hija, y le dijo a su marido:

"Ya viene otra vez mi padre, tenemos que confundirle para que no nos descubra. Tú serás un ermitaño, el caballo el santuario, yo seré la Virgen. Cuando mi padre te pregunte algo, tú sólo le dirás: las 11 han dado, a misa han tocado y el alcoro van a hacer".

Efectivamente, el padre llegó al santuario, y le preguntó al ermitaño: ¿"Ha visto a una pareja en un caballo?", y él siempre le contestaba: "Las 11 han dado, a misa han tocado y el alcoro van a hacer". Y así una y otra vez, hasta que el padre se aburrió y se fue a casa.

Al contarle a su mujer lo que le había pasado, ella le dijo:

"Eran ellos, eran ellos, anda vete otra vez y abre bien los ojos que no te engañen más".

Otra vez se marchó en su busca, y cuando llegaba a ellos estalló una gran tormenta por encima de padre y el caballo volador, y le fue imposible volverlos a ver.

Entonces, los jóvenes casados cruzaron un gran río y se fueron a vivir con los padres del joven que eran muy ricos.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.