07 mayo 2013

Las 115.000 toneladas de basura radiactiva olvidadas en el Atlántico Nordeste

Los 223.000 bidones con residuos nucleares lanzados en alta mar hasta 1982 no se controlan desde hace dos décadas, pese a las evidencias de fugas. Los países europeos estudiarán en 2014 si es necesario establecer un nuevo programa de vigilancia.

Hubo un tiempo en el que a las autoridades de los países con instalaciones nucleares les pareció una excelente idea deshacerse de sus residuos radiactivos arrojándolos en alta mar. Entre 1949 y 1982, ocho países europeos tiraron por la borda unos 223.000 bidones con 115.000 toneladas de basura nuclear en el Atlántico Nordeste, en ocasiones a sólo 200 kilómetros de las costas españolas. Eran desechos radiactivos de baja actividad procedentes de reactores atómicos, de instalaciones médicas y de la industria. Tres décadas después, los países responsables se desentienden de aquella barbaridad medioambiental. Los bidones siguen bajo el océano, sin prácticamente ningún control.

Greenpeace tratando de impedir el lanzamiento de los barriles radiactivos

Aunque el vertido de residuos al mar ha cesado, el material todavía puede fugarse de sus contenedores”, alertaba un grupo de científicos en 2010. La vida media de los bidones de hierro que encierran los residuos radiactivos oscila entre los 15 y los 150 años, aunque los que disponían también de una cubierta de hormigón podrían durar hasta un milenio. “La estrategia de eliminación de los residuos de baja actividad fue más de dispersión y dilución que de contención”, resumían lacónicamente los expertos, dirigidos por Tim Le Bas, del Centro Nacional de Oceanografía de Southampton (Reino Unido).
Los gobiernos de algunos países nucleares —Reino Unido, Bélgica, Suiza, Alemania, Francia, Italia, Países Bajos y Suecia— pensaban que unas pocas decenas de miles de toneladas de basura radiactiva no se notarían en los 1.386.000.000 billones de litros de agua que hay en los océanos.
Algunos de estos bidones se encuentran en avanzado estado de oxidación.
Así se jugaban el tipo los miembros de Greeanpeace.
Noticias de 1985

 

01 mayo 2013

El corto animado más pequeño del mundo

Un grupo de átomos son las estrellas de la película más pequeña -no más corta, más pequeña- del mundo. Tan pequeña, que ha quedado registrada como tal en el Libro Guinness de los Récords.
 El rodaje estuvo a cargo de científicos-cineastas de la empresa de tecnología IBM, quienes manipularon átomos individuales sobre una superficie de cobre para realizar el filme, que se llama "Un niño y su átomo".

242 fotogramas

La clave para la realización del corto está en el funcionamiento del STM, en el que una aguja de metal extremadamente afilada y con carga eléctrica se pasa sobre la superficie de una muestra de material. Cuando la punta se aproxima a las texturas de la superficie, la carga eléctrica "salta la brecha", gracias al denominado "efecto túnel", descrito en física cuántica.

Microscopio de efecto túnel de IBM
El "estudio de cine" de la película más pequeña del mundo.

"La punta de la aguja es a la vez nuestros ojos y nuestras manos: percibe los átomos para hacer imágenes del lugar en que se encuentran, y luego se mueve más cerca de los átomos para colocarlos en nuevas posiciones", explicó Andreas Heinrich, del centro de investigación de IBM en California, Estados Unidos.
 "Los átomos permanecen en sus posiciones porque forman enlaces químicos con los átomos de cobre que se encuentran en la superficie que está debajo, y eso nos permite tomar una foto de la distribución de los átomos en cada fotograma del filme". "Entre cada fotograma movemos con cuidado los átomos a una nueva posición, y tomamos otra foto", le dijo Heinrich a la BBC.
Así consiguieron crear los 242 fotogramas de la película. Las dimensiones de cada uno son tan ínfimas, que habría que colocar unos 1.000, uno junto al otro, para alcanzar el grosor de un cabello humano.

 
 La producción requirió el esfuerzo de cuatro científicos, quienes trabajaron 18 horas diarias durante dos semanas.
"(Un Niño y su Átomo) es un disparador para que los niños y otra gente comiencen a hablar e interesarse por las matemáticas, la ciencia y la tecnología"
"Un niño y su átomo" demuestra cuánto ha evolucionado la capacidad de los científicos de manipular la materia a nivel atómico. IBM espera que esto le permita desarrollar una nueva generación de soluciones de almacenamiento de información. De hecho, a comienzos de 2012 investigadores de la empresa habían demostrado cómo podían guardar un bit digital (la más pequeña unidad de información) usando tan solo 12 átomos. Los dispositivos que se utilizan hoy requieren alrededor de un millón de átomos para almacenar esa cantidad de información. Pero aunque suene todo a ciencia dura, Heinrich afirmó que "Un niño y su átomo" es "un disparador para que los niños y otra gente comiencen a hablar e interesarse por las matemáticas, la ciencia y la tecnología". Fuente de la noticia.

El peso del cerebro humano


Bischoff fue uno de los anatomistas de mayor prestigio en Europa en los 1870's. 

Una de sus ocupaciones era el pesar cerebros humanos, y tras años de acumular datos observo que el eso medio del cerebro de un hombre era 1350 gramos, mientras que el  promedio para las mujeres era de 1250 gramos. Durante toda su vida utilizo este hecho para defender ardientemente una supuesta superioridad mental de los hombres sobre las mujeres. Siendo un científico modelo, a su muerte dono su propio cerebro para su colección...

 El correspondiente análisis indicó que pesaba 1245 gramos.

El chófer de Einstein


Se cuenta que en los años 20 cuando Albert Einstein empezaba a ser conocido por su teoría de la relatividad, era con frecuencia solicitado por las universidades para dar conferencias. Dado que no le gustaba conducir y sin embargo el coche le resultaba muy cómodo para sus desplazamientos, contrató los servicios de un chofer.

Después de varios días de viaje, Einstein le comentó al chofer lo aburrido que era repetir lo mismo una y otra vez.

"Si quiere", le dijo el chofer, "le puedo sustituir por una noche. He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra."   

Einstein le tomó la palabra y antes de llegar al siguiente lugar, intercambiaron sus ropas y Einstein se puso al volante. Llegaron a la sala donde se iba a celebran la conferencia y como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, no se descubrió el engaño.


El chofer expuso la conferencia que había oído a repetir tantas veces a Einstein. Al final, un profesor en la audiencia le hizo una pregunta. El chofer no tenía ni idea de cual podía ser la respuesta, sin embargo tuvo un golpe de inspiración y le contesto:

 
"La pregunta que me hace es tan sencilla que dejaré que mi chofer, que se encuentra al final de la sala, se la responda".

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo”  (A.Einstein)