21 noviembre 2009

Atados a nuestras sugestiones

Un mercader de camellos, un árabe que atravesaba el desierto del Sahara, acampó para pasar la noche. Los esclavos levantaron tiendas y clavaron estacas en el suelo para atar a ellas los camellos.

- Hay sólo diecinueve estacas y tenemos veinte camellos; ¿cómo atamos el vigésimo camello? -le preguntó un esclavo al amo.

- Estos camellos son animales tontos. Hagan los movimientos como para atar al camello y permanecerá quieto toda la noche.

Eso hicieron, y el animal se quedó quieto allí, convencido que estaba atado.

A la mañana siguiente, al levantar campamento y prepararse para continuar el viaje, el mismo esclavo se quejó al amo de que todos los camellos lo seguían, excepto aquél, que se rehusaba a moverse.

- Se olvidaron de desatarlo -dijo el amo.

Y el esclavo realizó entonces los movimientos como si lo desatara…

Ésa es una imagen de la condición humana.

Estamos atados a cosas que no existen; tenemos miedo de cosas que no son…La gente a veces se pregunta: «¿Qué hago para ser feliz?»

Eso, muestra cuán mala ha sido tu educación para que creas que debes hacer algo para ser feliz. No debes hacer nada para ser feliz. No puedes adquirir la felicidad, ¿sabes por qué? ¡Porque la tienes! ¡La tienes en este mismo momento! ¡La tienes!

¡Pero estás todo el tiempo obstruyéndola, en tu necedad! La obstruyes. Deja de obstruirla y la tendrás. Si yo pudiera mostrarte como librarte de tus conflictos, tus ansiedades, tus tensiones, tus presiones, tu vacío, tu soledad, tu desesperación, tu depresión, tu congoja te librarías de todo esto. ¿Qué te quedaría?

La felicidad pura, sin diluir. Eso es lo que tienes.

Anthony de Mello


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